VAN: cómo saber si una inversión realmente te conviene
Toda decisión de inversión se resume en una pregunta esencial:
¿Vale la pena arriesgar mi dinero aquí?
En los negocios —y en la vida— no se trata solo de cuánto ganas, sino de cuándo lo ganas. No es lo mismo recibir 10.000 € hoy que dentro de tres años.
El Valor Actual Neto (VAN) responde exactamente a eso: te dice cuánto vale hoy el dinero que recibirás en el futuro y si la inversión generará más valor del que cuesta.
En este artículo verás qué es el VAN, cómo se calcula, cómo interpretarlo y cuándo usarlo para decidir si una inversión realmente te conviene.
Qué es el VAN (Valor Actual Neto)
El VAN es una métrica financiera que estima la rentabilidad de una inversión descontando el valor del dinero en el tiempo.
Dicho en sencillo: el VAN compara el dinero que inviertes hoy con el valor actual de los flujos de caja futuros que la inversión generará.
- VAN > 0: la inversión crea valor.
- VAN = 0: recuperas el coste del capital, sin valor extra.
- VAN < 0: la inversión destruye valor.
Por eso, el VAN es uno de los criterios más fiables para evaluar proyectos de inversión.
La lógica detrás del VAN: el valor del tiempo
El VAN parte de una idea básica: el dinero tiene valor temporal.
Un euro hoy vale más que un euro mañana porque hoy puedes invertirlo, reducir riesgo o evitar costes. Por eso, los flujos futuros deben “traerse” al presente usando una tasa de descuento, que representa tu coste de oportunidad (lo que podrías ganar en la mejor alternativa disponible, ajustado al riesgo).
Fórmula del VAN
Una forma clara de verlo es:
VAN = Σ (CF_t / (1 + r)^t) − Inversión inicial
Donde:
CF_t= flujo de caja neto esperado en el periodo tr= tasa de descuento (coste de oportunidad / coste de capital)t= periodos (años, meses, etc.)n= duración total del proyecto
Ejemplo práctico sencillo
Supón que inviertes 10.000 € hoy y el proyecto te devuelve 4.000 € al año durante 3 años. Tu tasa de descuento (coste de oportunidad) es del 10%.
Cálculo (aprox.):
- Año 1: 4.000 / 1,10 = 3.636 €
- Año 2: 4.000 / 1,10² = 3.306 €
- Año 3: 4.000 / 1,10³ = 3.005 €
Suma de valores actuales ≈ 9.947 €
VAN ≈ -53 €
Interpretación: el proyecto queda prácticamente en punto muerto frente a tu 10% exigido. No compensa el riesgo/tiempo por encima del coste de oportunidad.
Si bajas la tasa al 8%, el VAN pasa a ser positivo:
VAN ≈ +308 €
Y eso significa que sí crea valor adicional bajo ese coste de capital.
Cómo interpretar el resultado del VAN
| Resultado | Interpretación | Decisión típica |
|---|---|---|
| VAN > 0 | Los beneficios descontados superan el coste del capital | Aceptar |
| VAN = 0 | Recuperas exactamente el coste del capital | Indiferente |
| VAN < 0 | No compensa el coste de oportunidad ni el riesgo | Rechazar |
En general, solo deberías invertir cuando el VAN sea positivo, salvo que exista un motivo estratégico muy claro.
La tasa de descuento: el factor que cambia todo
La tasa de descuento es el corazón del VAN.
- Si es demasiado baja, sobrevaloras el futuro (parece que todo es rentable).
- Si es demasiado alta, infravaloras oportunidades (rechazas proyectos buenos).
En empresas, suele usarse el WACC. En proyectos más pequeños, puedes estimarla sumando:
- tipo libre de riesgo (p. ej., bono soberano),
- prima por riesgo del negocio/sector,
- (si procede) prima por inflación esperada.
Ejemplo orientativo: 3% + 5% + 2% = 10%.
VAN vs. TIR y Payback
VAN vs. TIR
La TIR es la tasa r que hace que el VAN sea igual a cero. Si:
- TIR > coste de capital → proyecto rentable
- TIR < coste de capital → proyecto no rentable
El VAN suele ser más útil para ver cuánto valor (en euros) crea un proyecto, mientras que la TIR te da el porcentaje.
VAN vs. Payback
El payback te dice cuántos años tardas en recuperar la inversión inicial, pero suele ignorar el valor temporal del dinero. Por eso, el VAN es más riguroso.
- Payback: cuándo recuperas
- TIR: a qué ritmo recuperas
- VAN: cuánto valor neto te queda
Ventajas del VAN
- Mide valor real, no solo rentabilidad porcentual.
- Incorpora el valor del tiempo (descuento).
- Facilita comparar proyectos por creación de valor.
- Permite análisis de escenarios (diferentes tasas, horizontes, riesgos).
- Es un estándar en finanzas corporativas y valoración.
Limitaciones del VAN
- Depende de supuestos: los flujos de caja son estimaciones.
- Es muy sensible a la tasa de descuento.
- No captura bien la flexibilidad (expandir, pausar, abandonar).
- Si los supuestos son optimistas, el resultado engaña.
Por eso conviene acompañarlo de análisis de sensibilidad.
Ejemplo completo: decidir entre dos inversiones
Dos proyectos con la misma inversión inicial:
| Concepto | Proyecto A | Proyecto B |
|---|---|---|
| Inversión inicial | 10.000 € | 10.000 € |
| Flujo año 1 | 3.000 € | 4.000 € |
| Flujo año 2 | 4.000 € | 3.000 € |
| Flujo año 3 | 5.000 € | 3.000 € |
| Tasa de descuento | 10% | 10% |
Resultado (aprox.):
- VAN_A ≈ -210 €
- VAN_B ≈ -1630 €
Aunque ambos son negativos con este coste de capital, A destruye mucho menos valor que B. Si tuvieras que elegir, A sería el “menos malo” en términos financieros.
El VAN en la práctica empresarial
Se usa para evaluar decisiones como:
- comprar maquinaria o tecnología,
- abrir una línea de negocio,
- expandir una planta o sede,
- adquirir/fusionarse con otra empresa,
- lanzar un producto.
Análisis de sensibilidad: qué pasa si cambian las condiciones
El VAN brilla cuando lo usas para responder “¿y si…?”:
- ¿si las ventas son un 10% menores?
- ¿si la tasa sube del 8% al 12%?
- ¿si los costes aumentan un 15%?
Si pequeños cambios vuelven el VAN negativo, el proyecto es frágil. Si resiste varios escenarios, es robusto.
Errores frecuentes al usar el VAN
- Usar beneficios contables en lugar de flujos de caja.
- Olvidar costes ocultos (instalación, formación, impuestos, mantenimiento).
- Elegir mal la tasa de descuento.
- No incluir valor residual (reventa/activos al final).
- Asumir crecimiento constante sin base.
El VAN como brújula de la inversión inteligente
El VAN es sentido común cuantificado: te dice si el futuro que imaginas compensa el presente que sacrificas.
No garantiza el éxito, pero evita decisiones impulsivas, vuelve el riesgo más medible y te obliga a pensar como inversor: en valor, en tiempo y en rentabilidad ajustada al riesgo.